Entre los objetivos de la Coordinadora de ONGD de Castilla-La Mancha, se encuentra la coordinación de los esfuerzos de las distintas organizaciones para optimizar los recursos humanos y materiales que intervienen en la Cooperación al Desarrollo, así como la realización de estudios, propuestas y actuaciones conjuntas que contribuyan a dar a conocer a las personas que viven en nuestra región el trabajo de las ONGD y a lograr una mayor conciencia solidaria.
Desde esa perspectiva se ha elaborado este primer informe sobre el estado de la Ayuda Oficial al Desarrollo en nuestra región partiendo de una triple dimensión: la evolución de esta política pública, el estado actual de la misma y los principales retos que deben abordarse. De este modo, el objetivo de este informe es analizar la situación actual de la política de cooperación al desarrollo en nuestra región, centrándonos específicamente en la administración autonómica, la provincial (Diputaciones) y los gobiernos locales (Ayuntamientos de las capitales de provincia) que trabajan en alianza con las ONGD de la región y junto al compromiso de los ciudadanos y ciudadanas con la solidaridad internacional.
En el año 2020 se cumplieron 50 años desde la adopción por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas de destinar el 0,7% de PIB a Ayuda Oficial al Desarrollo. Transcurridas cinco décadas, prácticamente ningún país ha cumplido este compromiso. Nuestra región, no es una excepción y nos mantenemos aún muy alejados de esta meta, destinando actualmente un 0,03% a AOD. Además, tras años acumulados de recortes, la lenta recuperación que se estaba produciendo se vio nuevamente truncada en 2020 tras la decisión por parte de la Junta de Castilla-La Mancha de anular las convocatorias de Cooperación y Educación para el Desarrollo.
La situación actual que estamos viviendo a nivel mundial a causa del Covid-19 nos muestra que la Cooperación al Desarrollo debe formar parte, ahora más que nunca, de las políticas públicas a fortalecer tanto en nuestro país como en nuestra región, y de este modo contribuir a mejorar las condiciones de vida de un mundo en el que el aumento de la pobreza y la desigualdad alcanzará cotas muy elevadas. De hecho, se prevé un crecimiento de la pobreza en más de 500 millones de personas, lo que conllevará un crecimiento considerablemente de los riesgos y las amenazas globales a los que hay que hacer frente cumpliendo los compromisos adquiridos en la Agenda 2030.
Es evidente que la pandemia nos afecta a todas las personas, pero como estamos viendo, su impacto es mucho mayor en las personas más vulnerables y en las capas de la sociedad más pobres, dejando de manifiesto las enormes desigualdades existentes en nuestro propio entorno y en nuestro planeta. En los países menos desarrollados, que cuentan con sistemas sanitarios muy débiles, difícilmente pueden hacer frente a índices elevados de contagios. Además, un alto número de personas en estos países dependen a diario del trabajo informal que dificultan la adopción de medidas de aislamiento social, quedando expuestas o bien enfermar por el virus o a padecer hambre y malnutrición a causa del impacto sobre sus medios de vida.
Si alguna lección podemos extraer de esta pandemia es que la visión instaurada del unilateralismo entre los países y del individualismo en nuestras sociedades han quedado obsoletas ante una realidad que nos interpela a todos y todas, ya que ante problemas globales se requieren soluciones globales. Si dejamos abandonados a los países más pobres a su suerte, las consecuencias pueden ser devastadoras tanto en aspectos sanitarios como socioeconómicos. A las previsiones de un fuerte aumento de la pobreza, las desigualdades y el hambre, se unirá la desesperanza de millones de personas que con toda probabilidad generarán inestabilidad política y social, un aumento de conflictos, extremismos y desplazamientos de población. Además, existen otras amenazas que estaban ya presentes antes de la pandemia, como el cambio climático que se manifiesta cada vez con más virulencia.
En definitiva, con este informe queremos dejar de manifiesto la necesidad dar un impulso a las políticas de cooperación al desarrollo en nuestra región, asumiendo los compromisos adoptados en la Agenda 2030 y la puesta en marcha de todos los mecanismos que contribuyan, esta vez sí, a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

