En un contexto mundial de creciente militarización y conflictos, queremos reafirmar nuestro compromiso de defender, articular y sostener todas las formas de vida.
Queremos reconocer que hay avances reales, sí, pero no debemos olvidar que siguen siendo insuficientes y desiguales: no alcanzan por igual a todas las mujeres, territorios y contextos.
En un tiempo de deterioro democrático y multilateral, con guerras y ocupaciones —muchas de ellas de carácter genocida—, supremacismos, autoritarismos y un capitalismo extractivista que amenaza la vida humana y no humana, queremos reafirmar nuestro compromiso de defender, articular y sostener todas las formas de vida.
Denunciamos la alianza entre patriarcado, racismo, neocolonialismo, grandes capitales y crimen organizado que se materializa en políticas de muerte que expulsan, empobrecen y silencian a mujeres y disidencias, despojan territorios y bienes comunes y/o condenan a pueblos enteros al hambre y la precariedad. Nos duele y nos moviliza lo que ocurre en Palestina, en la República Democrática del Congo, en Sudán, en los Campamentos de población Refugiada Saharaui, en Venezuela, en Cuba, en Ucrania, y en todos aquellos lugares donde el pueblo sufre las consecuencias de esas políticas de muerte. Acompañamos a las perseguidas y desplazadas —como las mujeres nicaragüenses apátridas— y exigimos verdad, justicia y reparación. Tanto para los casos concretos, como es el asesinato de Berta Cáceres, del que se cumplen 10 años, como para los pueblos que sufren la política imperialista y el autoritarismo, o la población migrante y racializada que sufre las redadas del ICE.
Enlace al comunicado completo aquí

